Aprende a vivir mejor

Lo mejor siempre es vivir. Nos pueden contar las cosas muy bien, pero no hay ninguna experiencia de espectador que sea comparable a meterse dentro de la realidad. Tomar propiedad de aquello que nos provoca miedo o angustia, o desconfianza, o emoción, o placer. Domesticar nuestra existencia en la medida de lo posible. Ese es el reto.
El mejor jefe que tuve fue aquel que me dejó equivocarme, confiando en mi voluntad. Entendida como deseo de hacer y como energía para conseguir. A veces la ignorancia no es una frontera, sólo es un camino mal señalizado con un explorador que busca sin descanso la mejor salida. El mejor padre, el mío, fue el que dijo “será como quieras o no será”. Y entregó su fe esperando que le fuera devuelta multiplicada por mil. El mejor amigo fue el que se puso la venda en los ojos junto a mí, el que practicó la fidelidad sin pregonarla. Todas esas valiosas personas que entendieron que no hay más límites que aquellos que no queramos vencer.
Y para vencer, hay que vivir. No basta con asomarse a la existencia probable.
El mejor coaching es el que viví. El que me empujó a creer. El que hizo que mirase en mis entrañas otrora orgullosas por ser únicas. El que me devolvió la fortaleza de espíritu que la rutina había formateado. Es hermoso acudir a un espejo que te devuelva la imagen que quieres ver. Nada neutro ni vacío. No una apariencia banal, sino el reflejo de uno mismo, con sus motivaciones y sus temores, y su pequeña e íntima grandeza individual.
Te puedo contar qué es el coaching. Pero lo mejor, es vivirlo.

Lo asumido y lo querido

Las responsabilidades indeseadas. No estamos seguros de quién las ha invitado a nuestras vidas. Alguna vez formaron parte de nuestras agendas, escritas en el papel con la emoción de lo nuevo, hasta que se hicieron tan presentes que las interiorizamos, pasaron del papel a la piel, formaron parte de nosotros mismos. Como si fueran un virus que se aloja en nuestra existencia. En los prospectos farmaceúticos, al virus le llaman “huésped”, y no sé por qué el término me inspira un sentido de desagrado, de deseo que el huésped se marche pronto.
Nuestro sentido del deber nos cubre como una piel que se va haciendo más gruesa con el paso del tiempo. “Tengo que…” se convierte en nuestra frase más repetida. Somos presa de nuestras responsabilidades, algunas de las cuales nadie espera que se cumplan. Qué paradoja: perseguir un tren que hace tiempo abandonó un destino definido y que nadie conduce. Me gusta preguntar qué les gustaría hacer a las personas que me rodean, a clientes y amigos. Saber de sus sueños y ambiciones. O, como me dijo uno de ellos el otro día, con qué carburante se mueven sus vidas, gasolina súper o normal o diesel. Y demasiadas veces se repite la cantinela del deseo de hacer “lo correcto”, “lo que debo”, “mi objetivo”…
Nos cuesta asumir que esos objetivos dejamos de decidirlos nosotros hace ya mucho tiempo. Que no se trata de cumplir con lo que se espera de nosotros, sino de escoger, de hacer elecciones de vida. Elegir es renunciar y quizá es ahí donde nos encontramos el paso fronterizo para el que no llevamos visado. A lo mejor es culpa mía; debería comenzar preguntando por el lastre que se puede o se quiere soltar. Una de las cosas que más satisfacción proporciona es reconocer que hay cosas que se pueden dejar en la cuneta sin nigún riesgo. Un alivio de años despeja nuestras espaldas magulladas. Muchas veces, las cadenas que más pesan son de nuestra propiedad.

La Vida es Dura. De Acuerdo, pero ¿Comparada Con Qué?

¿En cuántas ocasiones hemos oído o dicho? “Qué Dura es la Vida”. PuesErnie J. Zelinski le dedica un capítulo a este tema. En primer lugar, nos cuenta que cuando somos pequeños tod@s pensamos que la vida cambiará y será mucho mejor cuando seamos mayores, pero luego todo parece empeorar o simplemente se queda igual. Es cierto que la vida es algo complicada y difícil a veces, pero también es cierto que todo depende de con qué prisma veamos las cosas. Cuando ya somos adultos nos decimos ¡ojalá volviera a tener 10 años, ahí sí que no tenía problemas ni preocupaciones! En cambio cuando teníamos 10 años queríamos tener 20, así nos pasamos el resto de la vida…tratando de esquivar el presente.
Tenemos que aceptar que la vida no es de color de rosas, pero es que es necesario  que sea así para que podamos ir forjándonos nuestro carácter. Si no tuviéramos dificultades en el camino no podríamos seguir avanzando, es cómo en la escuela no puedes aprender a dividir si antes no aprendes a sumar, restar y multiplicar. La vida es un proceso y como en todo proceso debemos ir pasando por distintas fases (infancia, niñez, pubertad, adolescencia, adultez, vejez y ancianidad) y en cada una de ellas pasaremos por diferentes  dificultades y experiencias pero para todas ellas tenemos los suficientes recursos físicos y psicológicos para superarlas. Normalmente  cuando tienes 5 años y te caes, tu cuerpo está preparado y en las mejores condiciones para curarse rápidamente, pero si nos fijamos también es cierto que es a esa edad cuando más nos caemos. En cambio cuando tenemos 16 años, solemos tener muchos problemas con nuestras amistades y relaciones amorosas, pero es que es en este momento cuando se está creando el concepto de amistad y solemos perdonar y olvidar con más facilidad. Por lo tanto, no podemos obviar ni cambiar el hecho de que la vida es dura, pero también tenemos que recordar que estamos preparados para superar los golpes que ésta nos da y que estamos equipados para sortear los baches del camino.
Así que cómo dice Tennessee Williams en Observer: <>
En definitiva, si aceptas la vida tal y como es, con sus momentos malos y los buenos (recuerda que no hay nada bueno que dure para siempre, pero lo mismo ocurre con lo malo, tarde o temprano termina) ya tendrás un problema menos en que el centrarte y dejar esa fuerza para lo que pueda venir.

Nuevas tendencias en formación corporativa

Que vivimos en la Era de la Información no nos sorprende a nadie pero lo que si nos sorprende a muchos es qué hacer con tantísima información. Cada día recibimos cientos de e-mails, tweets, mensajes de móvil, anuncios de televisión… Vayamos dónde vayamos estamos en contacto con numerosas fuentes de información. Y la pregunta que me hago, es qué hacemos con toda esa numerosa información.
¿Quiere decir con eso que como estamos expuestos continuamente a información, estamos continuamente formándonos y aprendiendo? Mi opinión es que no, el aprendizaje no se produce por el simple hecho de estar en contacto con información y conocimiento, es necesario  tener una actitud y tomar acción. Es cierto que con frecuencia solemos retener en nuestra mente información por repetición, pero eso no es formación, simplemente retención, es muy posible que esa información sea olvidada si nos alejamos de la fuente que la transmite.
Entonces, ¿quiere decir esto que estamos navegando continuamente y que no aprendemos nada? Tanto como no aprender nada no, pero que olvidamos más información de la que vemos y leemos sí.
Para conseguir una formación de calidad debemos:
1.      Ser selectivos a la hora de elegir la información. Todo lo que hay en la Web no es válido y dentro de lo válido hay que tener en cuenta la fuente de difusión, el nivel que tenemos en cierto tema (si somos novatos, expertos…), si buscamos artículos, cursos, videos…
2.      No toda la información es gratuita, pero también es cierto que no toda la información posee la misma calidad. Así que ten en cuenta que si quieres conseguir una buena formación a veces deberás realizar alguna inversión. Pero cuidado aquí pasa lo mismo, al realizar inversión para tu formación sé inteligente e infórmate de las características del curso, creadores, personas que lo hayan realizado, nivel de satisfacción, logros alcanzados…
3.      Para mí el elemento central que debe tener una buena formación es la interacción y el contacto. Es cierto que ante tanta información nos hemos vuelto autodidactas, pero lo cierto que para adquirir un aprendizaje significativo es necesario estar en contacto con otras personas, que puedan ayudarte a resolver dudas, compartir experiencia…Por ello creo que los cursos que poseen alguna plataforma donde sus alumnos puedan interactuar (foros, chats, salas de conferencias…), tienen ya un  80% de resultados logrados y si a eso le añadimos una información de calidad y bien estructurada, tenemos la formación perfecta. Sería como cuando estábamos en clase y trabajamos con nuestros compañeros codo con codo, siguiendo las lecciones de la maestra. Lo que ocurre es que ahora lo hacemos desde casa, nosotros seleccionamos sobre qué tema queremos formarnos y son muchos más los compañeros con los que compartimos estas experiencias, además de más variados (edades, países, niveles de conocimiento…)
En definitiva, en la Era de la Información es posible la Formación, es más, es precisa la formación si no queremos quedarnos obsoletos, pero recuerda no toda Formación es válida y de Calidad.
Formación de Calidad = Buena Información + Estructuración + Interacción.
Mi mejor experiencia respecto a la formación

Aprender a mejorar tu suerte

omo os prometí la semana pasada aquí teneis la 5 reglas restantes del Decálogo de la Buena Suerte de Alex Rovira. Para mí estas reglas son las más  fundamentales y por tanto debemos tenerlas presente en nuestro día a día si verdaderamente queremos convertirnos en unas personas con Buena Suerte.
Sexta Regla de la Buena Suerte: “Aún bajo las circunstancias aparentemente necesarias a veces la buena suerte no llega. Busca en los pequeños detalles circunstancias aparentemente innecesarias pero imprescindibles”
Esto me ocurrió hace un par de años, yo había estudiado mucho para mis oposiciones, lo hice todo, seguí horarios, un plan de estudio, realizaba simulacro…pero al final aprobé con una nota muy baja. No me di cuenta de algo aparentemente muy sencillo exclusivamente me centré en aprobar, me obsesioné, dejando de lado a amigos, hobbies…a veces ellos me podrían haber dado el ánimo o descanso que necesitaba Si queremos algo con mucho ahínco debemos luchar por ello pero sin olvidarnos del resto, de las pequeñas cosas que en el fondo se convierten en grandes.
Séptima Regla de la Buena Suerte: “A los que solo creen en el azar, crear circunstancias les parece absurdo. A los que se dedican a crear circunstancias el azar no les preocupa”
Volviendo a mi experiencia yo sabía que en esto de las oposiciones existía las suerte, conocía compañeras que con muy poco que hicieron sacaron su plaza, pero también sabía que la gran mayoría que lograba su sueño era a base de estudio y mucho trabajo. Por lo que creo que es más probable que nos llegue la Buena Suerte si estamos trabajando en lo que queremos y en lo que creemos, que si esperamos sentados  a que un día la Buena Suerte llame a tu puerta
Octava Regla de la Buena Suerte: “Nadie puede vender suerte, la Buena Suerte no se vende. Desconfía de los vendedores de suerte”
Tenemos toda clase de elementos y personas que nos prometen mejorar nuestra suerte, amuletos, hechizos, grandes gurúes que nos desvelarán sus grandes secretos para alcanzar el éxito. Pero si lo miras con detenimiento todo se traduce en dinero, es decir, que debes pagar para conseguir suerte. Por qué pagar cuando la Buena Suerte la tenemos a nuestro alcance con solo ponernos a crear circunstancias. Si queremos tener Buena Suerte en el trabajo, deberemos actualizar nuestros conocimientos, trabajar en equipo, escuchar las necesidades de nuestros clientes, compañeros, trabajadores…No podemos comprar una mejor situación, nosotros podemos crearla, tenemos todas las herramientas a nuestro alcance.
Novena Regla de la Buena Suerte: “Cuando ya hayas creado todas las circunstancias ten paciencia, no abandones. Para que la Buena Suerte llegue, Confía”
Paciencia, que gran virtud y que pocos la tenemos. De nada sirve trabajar, crear circunstancias si luego no tenemos paciencia para recoger nuestros resultados. Cada semilla tiene su tiempo para germinar. Tenemos que tener presente que toda acción tarde o temprano tendrá sus efectos, así nos lo muestra la Ley de Causa-Efecto
Décima Regla de la Buena Suerte: “Crear Buena Suerte es preparar las circunstancias a la oportunidad pero la oportunidad no es cuestión de suerte o azar!,Siempre está ahí!”
Cada día se presentan ante nosotros miles de oportunidades para acercarnos más a nuestras metas, pero estamos tan ocupados en el objetivo que apenas vemos los medios y herramientas que se nos presentan. La persona que tiene Buena Suerte es aquella que además de trabajar y crear circunstancias, tiene la paciencia y la virtud de analizar todo lo que ocurre a su alrededor, por más trivial que aparezca. Como diríaWinston Churchill «Un optimista ve la oportunidad en toda calamidad; un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad.»
Ya tenéis las 10 reglas, la teoría, ahora queda lo más difícil, reflexionar sobre cada una de ellas y tomar acción, decidiendo crear cada día nuevas y mejores circunstancias que te lleven a la Buena Suerte
Según Alex Rovira el cuento de la Buena Suerte nunca te llega por casualidad…